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Ver, sentir, comprender

Conmemorando el 140 aniversario del nacimiento de Joaquín Torres García, el Museo Torres García y el Museo Nacional de artes Visuales realizaron una exposición conjunta, en la que dialogaron los acervos de ambas instituciones y también los diversos aspectos de la obra de Torres García; Cuadros, Manuscritos e ideas.
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La palabra escrita rondó la obra de Joaquín Torres García desde sus primeros años cuando -contra la opinión de su padre que consideraba el pintar un oficio de vagos- el joven artista eligió ganarse la vida como ilustrador de carteles, libros de catecismo y revistas de actualidad. En 1904, al publicar su primer texto en una revista catalana Torres García inicia una producción escrita sobre el arte y los artistas que se prolongará en decenas de publicaciones en diarios y revistas, cerca de  veinte libros editados, manifiestos, libros inéditos y varios cientos de conferencias sobre arte; un conjunto que llena unos veinte mil folios manuscritos.

 

El pensamiento de Joaquín Torres García se entrelaza con su obra y con su vida en una trama que es única en la historia del arte. En sus escritos se pueden palpar los rastros de una búsqueda vital, y también la necesidad de delimitar ámbitos y formas de acción artística para realizar lo que Torres García consideraba “un arte grande” vinculado a un orden general en el que se inscribiría todo el hacer humano. Este arte, construido en referencia al “Hombre Abstracto” o idea del hombre, no podría ser realizado solamente por el aspecto intelectual y consciente del artista, si no por el individuo como una totalidad, suma de sus diversos aspectos vitales y cognitivos.

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El diálogo entre pensamiento visual y pensamiento verbal  no se limita a operar entre libros y cuadros, si no que existe en los libros y en  los cuadros, tomando una singular expresión en los manuscritos dibujados, donde todas las letras son dibujos y cada página es una obra; síntesis de la forma plástica y de la idea. Ese impulso de unidad que aparece una y otra vez en los escritos de Torres García, cobra cuerpo en proposiciones de carácter metafísico, estéticas y operativas, que influyen en su producción artística al tiempo que son revisadas por ésta.

 

Porque a pesar de lo que la posteridad ha tendido a creer sobre Joaquín Torres García, junto a la convicción que impulsaba sus afirmaciones también había la certeza de que lo escencial nunca termina de ser dicho. “Puedo pensar todas estas cosas y muchas más – hacer mil combinaciones estéticas hasta el infinito – y, de acuerdo con esas combinaciones, hacer cuadros. Pero el valor que tendrán esos cuadros, siempre será el mismo: será algo de mí, un sabor plástico, algo que no puedo ni quitármelo de encima ni trasmitírselo a otro: la personalidad. Es por eso que no se debe trabajar sobre el pensamiento, sino sobre lo que es personal: sobre esas cualidades, ese toque, ese sabor plástico indefinible. Y si al trabajar sobre esto puedo llegar a encontrar una manera, inclusive un procedimiento, habré encontrado mi sistema. Y este sistema valdrá tanto como otro. En resumen: que todo sistema combinado por el pensamiento solo, es algo transmisible, que se puede explicar e inclusive definir, y que, por su naturaleza no pertenece a nadie. Pero que el verdadero sistema personal, o sea: la materia incorporada a nosotros, humanizada en nosotros, ese mundo recreado en nosotros, imposible de definir porque uno no puede definir lo absoluto de la personalidad, esa es la verdadera vía del artista. Y será un arte vivo - el otro un intelectualismo”

 

Mon Cher Moi (Mi querido yo) Manuscrito inédito. 1925-1927

Archivo del Museo Torres García.

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