Taller de Pintura al Fresco

Tonos y Formas

Inauguración: Miércoles 21 de Marzo de 2018 - 19:00 hs.

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La consistencia de una línea


En dibujo, y también en pintura una línea puede ser expresiva o sosa, vibrante o apática, fuerte o flácida. En los ojos de quien la sepa ver, una línea puede ser maravillosa; puede ser consistente y hermosa… o puede ser una simple raya, un trazo producto del azar sin intención manifiesta, sin pasado ni futuro. En términos más conceptuales -o más geométricos, según de qué se esté hablando- una línea representa la extensión de una trayectoria, salida del tiempo para vivir en el espacio.

El trabajo en el Taller de pintura al fresco, orientado por Federico Méndez se traza en acorde con breves preceptos, simples pero mantenidos a ultranza. La pedagogía del Taller, que no se distingue demasiado de la práctica del artista maduro, está signada por un proceso de estudio de la realidad visual que comienza con aprender a ver en términos de forma, relación y proporción. Es el viejo y siempre nuevo ejercicio de mirar, de medir y de dibujar para comprender y aprender a pensar de una forma visual, plástica, para luego abstraer; internalizar, quedarse con un sentido de la forma, de las tensiones y los acordes que ésta y aquella hacen resonar, entretejidas todas en un sistema de relaciones y proporciones.

 

aquelarre
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El hecho de pintar preferentemente al fresco es una particularidad técnica que deviene en características formales y expresivas muy marcadas. El arte del fresco consiste en fijar la pintura en la masa del muro para garantizar su duración durante siglos, pero acá se usa para fijar lo espontáneo, esa materia invaluable hija del instante. Porque cuando se usa esta técnica no hay lugar para la duda ni para el arrepentimiento, ya que el pigmento penetra inmediatamente en el seno del revoque fresco y la corrección es posible pero laboriosa. Este grupo de trabajo hace un uso paradojal e irreverente de una técnica signada por monumentalidad; la han adaptado a la pintura de caballete, preparando pequeñas y medianas superficies en placas cementicias para pintar en el Museo y también al aire libre. Esto le da una paleta y una frescura muy propia y característica a las composiciones.

En el Taller de pintura al fresco se trasciende la relación docente-alumno para entrar en el ritmo de lo grupal y colectivo. Alguien prepara la superficie, el revoque. No importa quien. Alguien hace los primeros trazos, la primera mancha de color. Todos miran el futuro cuadro, y cuando sienten que tienen algo que decir, que agregar a la obra, se animan y ponen lo suyo. No hay censura, ni plan. Puede haber sí un estudio previo realizado por todos; una naturaleza muerta, un paisaje, una vista desde la azotea del Museo. El perfecto acorde en ideas y en la práctica cotidiana le da a las obras colectivas una unidad sin excepción, que deja afuera la necesidad de protagonismo individual, en una realización dignísima y hermosa del ideal Torresgarciano de arte colectivo y anónimo.

“El artista trabaja con formas y no con cosas” dijo innumerables veces el viejo maestro. Esta lección la ha repetido sin cansarse Federico Méndez y deberán recordarla quienes en el futuro estén interesados en la visualidad del arte. “Pero solamente con las reglas, el artista nada haría; necesita de un elemento primordial; su Alma.” Dijo también Torres, en ese sistema contrapuntístico tan suyo, tan de buscar la totalidad no por la disolución mutua de los opuestos si no por su decidida afirmación.


Fidelidad a unas reglas muy simples y fidelidad a la propia alma; vieja y nuevísima manera de ser consistente.

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